Sábado, 29 Diciembre 2018 23:58

EN PRIMERA PERSONA: MARINA SKELL

El aire de infancia huele a los jazmines de mi abuela Rosita. Le encantaban. Desde niña me cautivó la magia que irradia un teatro vacío antes de empezar una función. Rosita me llevaba con ella cuando cumplía su tarea de representante de Gasalla. Yo entraba ahí y había algo que me llamaba… No tenía demasiado claro qué quería hacer pero, sin duda, era algo dentro del arte. El escenario del Teatro Argentino de La Plata era enorme para mis piecitos en zapatillas de ballet, me enamoré de la fotografía, me hubiera encantado poder cantar…

Pasó el tiempo, la gente me reconoció en muchas telenovelas y películas desde los ’80 hasta que ocurrió el plot point… (En un guion, el protagonista puede mantenerse igual a sí mismo hasta el final, aburriendo y aburriéndose; o puede experimentar un “plot point”, un “punto de giro” que despierte la pasión y lo cambie todo) En 2001, el viaje a España fue un plot point importante, en el sentido de descubrir posibilidades que yo tenía y que pude desarrollar.

Soy actriz, directora, escritora, fotógrafa, cocinera,... todos estos roles me satisfacen, si bien es con la faceta de actriz con la que me siento más segura porque es con la que tengo más horas de vuelo. Lo de la fotografía es algo que me gustaría desarrollar más y poder compartirlo como en  “Mama. Parte 1. Vínculos. Los caminos del alma”, primera exposición fotográfica que hice este año. Es un proyecto que tendrá varias etapas.

En 2003 creamos con Carlos De Matteis (dramaturgo, actor, director, mi marido…) Plot Point Artespacio, que se ha convertido en un sitio destacado del circuito off madrileño. La escuela, que posee un área dedicada a la innovación y desarrollo de propuestas no convencionales, estrena un promedio de cuatro espectáculos por año. Participo en tres de ellos. “Cuestiones con Ernesto Che Guevara”  nos traslada a sus últimas horas con vida en una puesta en escena que emociona y te deja el cuerpo lleno de preguntas, te pone ante un espejo difícil de eludir. Luego de la función, entre abrazos conmovidos, compartimos impresiones y mate cocido con el público.

Al que más cariño le tengo es a “Mi madre, Serrat y yo” (en cartel desde 2009) porque para mí fue descubrir que podía hacer reír; es el momento feliz de la semana y el efecto que provoca en la gente, muy entrañable.

El último estreno, “Yo decido. Amor, sexo y muerte”, plantea una serie de interrogantes que uno no se hace habitualmente, sobre cosas que damos por sentadas, que no nos cuestionamos por educación o porque los medios de comunicación orientan el pensamiento que tenemos que tener. Antes eran los mitos, ahora son los medios de comunicación: todo responde a mantener un sistema que podría ser diferente pero del que a nadie se le ocurre salir.

El punto de partida de “Yo decido…” fue mi deseo de hacer un monólogo. A Carlos (autor y director de la obra) no le gustan los monólogos, no le gusta escribirlos, pero yo insistí….  Las historias que cuenta Renata, mi personaje, son historias de Carlos pasadas a femenino. La filosofía nos pareció un tema interesante porque Carlos está muy pendiente de la realidad, la política (¡a mí me aburren los políticos!). Es su discurso, su legado. Ahí está puesta toda su línea de pensamiento.

En “Yo decido. Amor, sexo y muerte” se tocan temas troncales: la belleza, la eutanasia, las relaciones, el amor…,  asuntos por los que una pasa en la vida y en los que no se detiene. Si tengo la
posibilidad de estar sobre un escenario no es solo para complacer al público sino para “iluminar”, encender algo en el espectador. Si alguna de esas preguntas le queda dando vueltas ya está cumplida la misión.

Originalmente íbamos a cocinar en escena pero luego vimos que era tan importante todo lo que estaba ocurriendo que la cocina no tenía un lugar. Por eso decidimos, que al final del espectáculo, compartiríamos con los espectadores una comida casera porque también es algo muy nuestro (hace un par de años publicamos el libro “Historias y recetas de la familia De Matteis Strukelj”)

Aquí hay mucho amor. Hay una impronta de los dos. De estar conectados con la gente que está trabajando, estar atento a las necesidades, de armar un buen equipo. No dejamos de lado esta pasión, porque nos da la vida. Es una tribu. Esa impronta familiar tiñe todo lo que pasa en Plot Point.

Desde Madrid, Marcela Silva Núñez