Domingo, 09 Septiembre 2018 23:59

Sexo salvaje en la ciudad de la furia

POR JORGE AVILA--Poco a poco la oferta de sexo se instaló en la vía pública inundando la ciudad con papelitos pegados en postes de luz, tachos de basura, carteles publicitarios, semáforos, teléfonos públicos (los pocos que quedan), e incluso paredes y puertas de distintos barrios. Pero esta variante no es del todo legal. Convengamos que los tiempos que corren, no son los mejores para la líbido de la dama o el caballero. Ni para todas las categorías intermedias que se han incorporado últimamente en lugares de preeminencia al abrigo de la ciudad friendly que supimos conseguir.
Persisten, no obstante, en la mirada del porteño/a una sesgo prejuicioso que hace que muchos de estos "colectivos" naveguen en círculos que se remiten a fiestas privadas, encuentros furtivos o travesías arriesgadas.

De otro modo no se explica la persistencia de tantas muchachas trabajadoras, que con muy buena salud en la mayoría de los casos, ejercen el más antigüo oficio (frase un poco desgastada, debo reconocer) en la extensa geografía de la ciudad. Tampoco la cada vez más abundante existencia de taxi boys o chongos que apenas disimulados, pululan en avenidas, galerías o estaciones ferroviarias.

La situación para las trabajadoras sexuales cambió desde 2011, cuando se prohibió la publicación de avisos de oferta sexual en medios masivos. La normativa está basada en la Ley 26.346 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas, vigente desde 2008, que señala que "existe explotación cuando se promoviere, facilitare, desarrollare o se obtuviere provecho de cualquier forma de comercio sexual".

La prohibición del "rubro 59" cambió el método de publicitar de las meretrices autónomas. Al no contar con las páginas que medios gráficos dedicaban, tuvieron que mutar la forma en que presentaban servicios. Poco a poco la oferta de sexo se instaló en la vía pública inundando la ciudad con papelitos pegados en postes de luz, tachos de basura, carteles publicitarios, semáforos, teléfonos públicos (los pocos que quedan), e incluso paredes y puertas de distintos barrios. Pero esta variante no es del todo legal.

Para Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), un gremio de trabajadoras sexuales afiliado a la CTA, lo que hace la prohibición de avisos sexuales publicados es llevarlas a la clandestinidad, y esto implica vivir expuestas a situaciones de riesgo. En torno a esta problemática gira el debate de la oferta sexual en la vía pública. Por una parte, avalados por el decreto 936/2011 y su posterior reforma de 2012, están quienes consideran a las prostitutas como víctimas, sin excepción, y abogan por acabar con la publicación de avisos sexuales. En otro extremo, surgen las meretrices que trabajan por elección y buscan alcanzar la autonomía a través de un proyecto de ley de trabajo sexual autónomo.

"Cuando uno arranca papelito piensa que está ayudando a parar el tráfico de personas, pero nos están sacando laburo", afirma indignada una de ellas.

"Nadie nos priva de nuestra libertad, no somos víctimas , lo único que queremos es poder trabajar. La prostitución en Argentina es una actividad legalizada cuando se ejerza voluntariamente y para rédito propio. Lo que se condena en el Código Penal es la trata y la explotación de personas. La Ley 4486, un proyecto presentado por Gabriela Seijo, legisladora de la Ciudad por el PRO, aprobado en 2012, prohíbe los volantes que anuncien servicios sexuales. Sumado a esto, existen iniciativas como "No seas cómplice" propulsada por el Gobierno de la Ciudad o "Martes Rojos" iniciada por Carolina Barone, directora de políticas de género y diversidad del Ministerio de Seguridad, que promueven despegar los volantes callejeros, con escaso éxito. Este tipo de campañas contribuyen a estigmatizar el ejercicio del oficio sexual, y agrupa a mujeres víctimas de trata y meretrices autónomas, dificultando la diferenciación por la que estas segundas reclaman.

El resultado no es la persecución hacia el tráfico de personas con fines sexuales, como se suele afirmar, sino hacia el trabajo sexual en general. Por tal motivo, la AMMAR está buscando, desde 2013, amparar el trabajo de sus asociadas, que según la ley está permitido, pero socialmente está penado. Quizá, las principales causas de las dificultad se encuentra en esta ambivalencia que permite a policías, fiscales y jueces, convertirse en frecuentes socios no buscados, que bajo amenaza, se quedan con parte de la recaudación.

Lo indignante es que ese procedimiento se ejerce sobre las franjas mas vulnerables, que a menudo terminan perseguidas o desplazadas, como lo muestra la película "Alanis", premiada con el Cóndor de Plata a la mejor actuación para Sofía Gala Castiglione. Mientras tanto, muchas otras/os se sientan a alguna mesa en confiterías o bares bien conocidos, en espera de clientes, con la complicidad de mozos o supervisores, que también reciben su parte, en un camino que raras veces conduce al placer, sino a la degradación y la Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.